Durante el curso nos preocupamos por las horas en las que practicamos deporte. Encontramos tiempo para realizar nuestras actividades favoritas: correr, gimnasio, monte, pilates, yoga, etc. Es fácil. Muchas veces, el día que haga fuera de nuestras casas no nos condiciona como para plantearnos si cambiar o no nuestra rutina deportiva.

Pero ¿Y en verano?

Por un lado, está el calor, las vacaciones, playa, piscinas, terrazas, planes con amigos… y el concepto a veces mal interpretado de “merecido descanso”. Sí, es verdad. El verano es, en parte, una temporada que invita a frenar y a que nuestra (muy a menudo acelerada) vida, se ralentice.

Sin embargo, también es un momento de alteración de rutinas. Los niños terminan el colegio, los adultos seguimos trabajando, se nos conceden vacaciones y probablemente no las pasamos en casa, cambios en el ritmo de trabajo por la ausencia de algunos compañeros o por otros motivos, etc.

En resumen, el día a día al que podemos estar acostumbrados puede cambiar radicalmente y eso hace difícil organizarnos para dedicar ese tiempo a realizar actividad física. Pero esto no quiere decir que pasemos a tener una vida mucho más sedentaria, porque puede tener impacto importante, y en algunos casos permanente en nuestros cuerpos.

La actividad física es, por supuesto, buena para nuestro metabolismo. Entre otros efectos, la contracción muscular quema el azúcar en sangre como combustible, y en respuesta a las señales de la insulina, también almacena parte de ella para su uso en el futuro. A largo plazo, todas estas acciones ayudan a nuestro cuerpo a evitar el aumento de azúcar en sangre, la resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2; ayudan a mantener nuestros niveles de colesterol en orden, la pérdida de grasa y la ganancia de masa muscular, mejora de la capacidad aeróbica, liberación de endorfinas (y por lo tanto reducción de la percepción del dolor y aumento de la sensación de bienestar con nosotros mismos) y muchos, muchos otros beneficios.

Cuando la actividad física se frena o se reduce significativamente, todo esto puede provocar cambios metabólicos importantes que, aun retomando nuestra actividad “habitual” después del verano, pueden mantenerse de manera permanente en el cuerpo.

¡Ojo! Esto no quiere decir que estos trastornos no puedan desaparecer. Pero siempre es mejor prevenir.

Hemos trabajado todo el año, invirtiendo parte de nuestro tiempo en nuestra salud, en nosotros mismos, cuidándonos… ¿Por qué ahora no seguir haciéndolo?

Desde Pérez y Salcedo os queremos dar algunas alternativas para realizar deporte en verano y os animamos a que seáis creativos y, en vez de quedarnos parados, buscar otras muchas formas de divertirnos y cuidarnos. Ahí van:

  1. Busca los momentos del día donde el calor no sea un motivo para no salir. Las primeras horas del día o las últimas suelen ser los momentos más agradecidos para salir. La temperatura es más baja, y el sol no está en sus horas de más fuerza. Hacemos deporte, ¡y cuidamos nuestra piel!
  2. Practica deportes acuáticos. Natación, surf, esquí acuático, piragüismo, rafting, remo, aquagym, waterpolo, etc. Estos son solo unos pocos ejemplos de la cantidad de deportes que se pueden practicar en el agua. Y si no eres muy apasionado de la modalidad acuática y tienes la oportunidad, termina tu entrenamiento con un baño en la piscina o en la playa.
  3. Aprovecha para realizar actividades que no realizarías en invierno. Salidas al monte más largas aprovechando la gran cantidad de luz al día; parques de aventuras para disfrutar también en compañía de amigos y familia; actividades dirigidas al aire libre en parques; muchos de los deportes de agua de los que hablábamos antes a los cuales es difícil acceder viviendo en una provincia de interior; y tantos muchos otros, ¡sed creativos!

Por último, desde Pérez y Salcedo os queremos presentar una última opción, muy novedosa en España, y que facilita mucho la realización de deporte desde casi cualquier lugar. Nos referimos a los gimnasios virtuales:

Los gimnasios virtuales son plataformas que sirven como herramienta para facilitar la realización de actividad física desde nuestras casas o cualquier lugar en el que nos encontremos, y lo más importante, en cualquier momento del día. De esta forma, si yo estoy acostumbrado a hacer mi deporte favorito a una hora del día, pero debido a la circunstancia actual no puedo, tengo la facilidad y accesibilidad de conectarme a mi gimnasio virtual y poder seguir moviéndome. Así, todo lo que hemos ganado durante el año, lo podremos mantener también durante el verano, ¡y sin dejar de disfrutar de las muchas otras cosas que nos ofrece hacer el buen tiempo!

Estad atentos… ¡estamos preparando algo muy chulo en este sentido!

Para terminar, entendemos que el verano es una época especial, una época de cambios, de parón, de disfrutar de muchas cosas de las que el invierno y el otoño nos priva. Pero esto no es motivo como para dejar de lado lo más importante de nuestras vidas: nosotros mismos y nuestra salud.

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