Cáncer de mama y linfedema

¿Qué es?

El cáncer consiste en el crecimiento descontrolado de células cancerosas (células que han acumulado alteraciones o mutaciones genéticas), esto les permite evadir el control del ciclo normal de división celular (dividirse, permanecer estable o morir), evadir el sistema inmune y en algunos casos viajar a los tejidos de alrededor a través de la sangre o la linfa, llegando así a otros órganos y formando nuevos tumores (metástasis).

En el cáncer de mama, el tumor maligno se origina en el tejido de la glándula mamaria. Esto ocurre cuando uno de los mecanismos de los que hablábamos antes en la división celular se altera. La célula no se repara y continúa acumulándose con cada vez más fallos, de manera descontrolada.

Tratamiento

Una vez diagnosticado, se llevan a cabo tratamientos entre los que se incluyen una intervención quirúrgica mamaria unilateral o bilateral, puede conllevar también la resección de ganglios linfáticos en caso de verse también afectados por el tumor. Además de esto, se administra quimioterapia, radioterapia u otros tratamientos dependiendo de cada caso. Es fundamental incluir en el tratamiento la administración de ejercicio físico adaptado al paciente y dosificado (entrenamiento de fuerza y resistencia) y la ingesta de alimentos indicados por un profesional, con el objetivo de que los medicamentos se absorban mejor, la recuperación sea más rápida y mejor, y el pronóstico de volver a tener cáncer disminuya significativamente; un estudio reveló que una alimentación adecuada y el entrenamiento de fuerza en pacientes con cáncer de mama disminuyó entre un 30% y 50% la mortalidad.

¿Qué es el linfedema?

El linfedema es una secuela del cáncer de mama. Al extraer parte o toda la cadena ganglionar por afectación tumoral, el brazo se queda, digamos, sin el recolector principal junto al sistema venoso para el líquido residual que debe ser filtrado en orden a volver al torrente sanguíneo. Por lo tanto, puede llegar a acumularse, formándose el edema linfático o linfedema. Puede aparecer localmente en mano, en antebrazo, brazo, pie, pierna o muslo, o pude ir acumulándose en varias partes. No tiene por qué ser doloroso, pero sí que puede producir incomodidad, pesadez de brazo y en algunos casos, síntomas neurales como calambres o pinchazos. Si se mantiene mucho en el tiempo, ese líquido puede ir endureciéndose. Es por eso que es muy importante una buena prevención y, en caso de haberse instaurado, un tratamiento precoz.

¿Cómo se trataba antes el linfedema?

Los tratamientos que se han llevado a cabo en los últimos años son el drenaje linfático manual, los vendajes multicapa y la presoterapia (en aquellas pacientes que eran candidatas para ello).

Pero… ¿Qué hacíamos con ese brazo/pierna? Es posible que te suenen frases como “Nada de coger más de 1/3 kg de peso con ese brazo”, “Lleva el bolso en el otro brazo”, “Intenta usarlo lo menos posible y sobre todo evita coger grandes pesos”, etc. Esto llevaba a muchas pacientes evitar usar la extremidad afectada, e incluso a desarrollar miedo si tenían que llevar a cabo alguna tarea, por muy simple que fuese.

Y ahora, ¿qué ha cambiado?

Las técnicas comentadas siguen siendo eficaces en la actualidad (drenaje linfático, los vendajes y la presoterapia) pero en los últimos años, la parte del cuerpo afectada por el linfedema ha tomado un papel mucho más activo en el tratamiento.

¿Qué quiere decir esto? Si leemos lo último publicado en evidencia científica con respecto a ejercicio físico y linfedema (dejamos algunos artículos al final del texto) vemos cómo el entrenamiento de fuerza ha crecido de manera positiva y muy significativa. Y es que el entrenamiento de fuerza produce un efecto llamado bomba muscular. Cuando realizamos un ejercicio o cogemos un peso con el brazo, se produce la contracción de la musculatura. Al contraerse la musculatura, aumenta su volumen, esto produce una ligera compresión de los vasos linfáticos hacia arriba, la estimulación de los mismos, y el líquido que se había quedado estancado, puede subir. En el caso de los brazos, sí que se ha visto que los ejercicios que mayor efecto tienen son los de tracción (por ejemplo: un remo). Es decir: el entrenamiento de fuerza, el coger pesos, el usar el brazo para más que las tareas del día a día, no produce un empeoramiento del estado del linfedema.

Además, el entrenamiento de fuerza mejora la sensación de alteración neural por la regulación del sistema nervioso, es decir, si tenemos sensación de calambre, acorchamiento, adormecimiento o dolor, el ejercicio puede ayudar a aliviar estos síntomas.

No está claro si es mejor realizar el ejercicio con vendaje o sin él: hay personas que refieren una mejora más importante llevando a cabo los entrenamientos con el vendaje puesto, mientras que hay otras que no lo usan porque, por el contrario, notan más alivio sin él. Hay que adaptarlo a cada paciente, estudiando qué tiene mayor efecto en cada caso.

En definitiva, el abordaje en el tratamiento de linfedema a lo largo de los años ha cambiado mucho de perspectiva, haciendo que los pacientes sean mucho más activos en su recuperación, y no dejen esa parte del cuerpo olvidada e inutilizada.

Una vez más, el movimiento demuestra ser significado de salud y bienestar.

Aquí os dejamos unos artículos sobre la evidencia científica que existe actualmente acerca de la presencia de linfedema post-cirugía de cáncer de mama y el ejercicio físico o entrenamiento de fuerza:

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